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Mendocinos piden un «modelo Bukele» para la seguridad

Con Petri a la cabeza y desilusionados con Cornejo, una encuesta demostró que los mendocinos exigen seguridad y confianza a su gobierno. Además corren el foco de Milei y responsabilizan a su gobernador por los problemas que atraviesa la provincia.

Una encuesta evidencia que Mendoza, la provincia que durante años se vendió como el ejemplo de la buena gestión republicana enfrenta un quiebre estructural, el 39,7% le perdió la confianza al gobierno provincial y otro 22,4% nunca se la tuvo. Sumados, el 62,1% de los mendocinos le da la espalda al rumbo de Alfredo Cornejo.

El dato más incómodo del informe de DC Consultores no es la desaprobación en sí, sino su origen. Los mendocinos no están penalizando a Cornejo por la macroeconomía de Javier Milei, a la que, además, le otorgan una tolerancia expectante, sino por la percepción de que el gobernador no los está protegiendo de la crisis en el día a día.

El informe propone una pregunta que mezcla la política con la fiebre mundialista. Ante la eventual renuncia de Lionel Scaloni, ¿qué político mendocino podría sacar campeón a la Selección? La metáfora funciona como un termómetro de liderazgo y los resultados son un mapa del poder provincial hacia las elecciones de 2027.

Luis Petri lidera con el 34,5%, que se suma a una imagen positiva del 54,7%. Monopoliza el discurso del orden y la seguridad que la sociedad reclama y aparece como el nombre con mayor proyección electoral provincial del momento.

Ulpiano Suarez es segundo con el 17,2% pero ostenta el número más alto de la encuesta, 62,5% de imagen positiva. Representa al «solucionador» sin fricción ideológica, el gestor de cercanía que resuelve sin generar anticuerpos.

Luego aparece Daniel Vila con el 18,7%, un número que se lee como síntoma. Una porción del electorado, agotada de la política tradicional, busca en el sector privado el pragmatismo que no encuentra en el Estado. Y en el fondo de la tabla, con apenas el 10,6%Alfredo Cornejo, el gobernador en ejercicio, el histórico representante del radicalismo mendocino, no convence ni como director técnico en un ejercicio de fantasía.

Mendoza, la provincia partida

Cuando se pregunta qué es lo que Cornejo todavía no pudo resolver, el diagnóstico es brutal. Un 44,8% señala el crecimiento desparejo y la pobreza en el Gran Mendoza como la gran cuenta pendiente de la gestión. No es un reclamo ideológico, es la fotografía de una provincia que creció hacia adentro y dejó a la periferia afuera del modelo.

A esa fractura territorial se le suman señales de colapso en los servicios que históricamente fueron el orgullo mendocino. El 17,4% apunta a la tensión por el agua y la minería, el 17,2% marca la crisis de seguridad y un 15,5% alerta sobre la fuga de médicos del sistema de salud. Tres flancos que, juntos, derrumban el relato de la «Mendoza idílica».

Sin embargo, los ciudadanos mendocinos le tienen paciencia a la Nación para que ordene la macroeconomía, apenas el 7,2% dice que su economía mejoró gracias a Cornejo y no a Milei. Pero, al mismo tiempo, le exigen a la provincia que oficie de escudo en el territorio. 61,9% de imagen negativa y 38,1% positiva para Cornejo revelan que la fractura impacto directamente en él.

El dato más disruptivo del relevamiento no está en los números de aprobación sino en la pregunta abierta sobre seguridad. Cuando se les consultó qué harían si fueran el ministro del área, las respuestas dibujaron una demanda social que ya no busca prevención sino autoridad.