Gentileza: Alejandro Flores (Periodista-Locutor)
Hay algo profundamente argentino en esto de descubrir las fallas de seguridad después de que alguien muere.
Primero viene la explosión. Después el humo. Después la ambulancia, los gritos, las cámaras de televisión y finalmente el expediente judicial. Recién ahí aparecen los matafuegos vencidos, las habilitaciones dudosas, las medidas de seguridad inexistentes y la frase más repetida de todas: “esto se podría haber evitado”.
En Sáenz Peña, una explosión en un local de carga de matafuegos dejó un muerto y un joven gravemente herido. Y ahora la Justicia imputó al dueño del comercio porque, según las pericias, había negligencia operativa y graves deficiencias de seguridad.
Lo impresionante no es sólo el accidente. Lo impresionante es la contradicción.
Un local dedicado justamente a la seguridad terminó convertido en una bomba.
Es como morir intoxicado en una fábrica de barbijos.
Porque el problema no es únicamente un error humano. El fiscal habló de “culpa concurrente”. Una expresión elegante para describir algo mucho más brutal: acá falló todo. Falló el control, falló la prevención y falló esa cultura empresarial donde muchas veces la seguridad se convierte en gasto y no en obligación.
Y entonces aparece la pregunta incómoda: ¿cuántos lugares similares siguen funcionando exactamente igual mientras usted lee esto?
Porque en Argentina hay una lógica perversa que se repite. Si no pasó nada, nadie controla. Si no explotó, nadie clausura. Si no hay muertos, parece que todo está permitido.
Hasta que explota.
Y ahí sí llegan los inspectores, los fiscales, los informes técnicos y las conferencias de prensa explicando lo inexplicable.
La tragedia de Sáenz Peña no es solamente un caso policial. Es un espejo. Refleja un país donde muchas veces las normas están escritas pero no se cumplen, donde las inspecciones llegan tarde y donde la prevención parece aburrida hasta que se convierte en noticia.
La seguridad no puede depender de la suerte.
Porque cuando un comercio dedicado a cargar matafuegos termina causando una explosión mortal, el problema ya no es un accidente.
El problema es un sistema entero funcionando con el seguro vencido.
