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La patria en reunión de negocios

GENTILEZA: ALEJANDRO FLORES (LOCUTOR)

El 25 de Mayo de 1810 los tipos se juntaron bajo la lluvia para discutir cómo dejar de depender de una corona extranjera.
El 25 de Mayo de 2026 discutimos si el Presidente llega a tiempo a una foto en Estados Unidos.
Hay algo poético en la Argentina: celebramos la independencia mirando de reojo Washington. Como si el Cabildo Abierto hubiera terminado patrocinado por Wall Street. La escarapela en el pecho y el GPS configurado en Miami.
Convirtió la política exterior en una especie de transmisión permanente donde cada gesto parece pensado para el escenario internacional. El problema no es viajar. Los presidentes viajan. El problema es esa sensación de que el acto patrio ya no ocurre en la Plaza, sino en la foto diplomática, como si el verdadero Tedeum nacional fuera una reunión con empresarios norteamericanos, mientras acá seguimos viendo si el locro alcanza.
Y entonces aparece la contradicción argentina más hermosa y más triste al mismo tiempo: cantamos “o juremos con gloria morir” mientras esperamos que el riesgo país baje porque alguien en Nueva York sonrió en una conferencia.
La discusión ya ni siquiera es ideológica. Es estética. Antes los presidentes querían parecer próceres; ahora quieren parecer ejecutivos globales. San Martín cruzó los Andes. Hoy cruzamos streams, podcasts y reuniones de inversión. La épica cambió el sable por las reuniones de negocios.
Pero quizás el verdadero problema no sea Milei. Quizás el problema sea que Argentina vive buscando validación afuera desde hace décadas. Antes era España. Después Estados Unidos. Después el FMI. Siempre alguien. Nunca nosotros.
Y así llegamos a otro 25 de Mayo donde la patria se festeja entre discursos sobre soberanía y negociaciones internacionales transmitidas en HD. Una mezcla rara entre revolución criolla y sala VIP.
Capaz esa sea nuestra tradición más auténtica: hablar de independencia, dependiendo emocionalmente de lo que opinen afuera.