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La deuda de verdad es la credibilidad

Hay anuncios que buscan informar. Y hay anuncios que buscan convencer. El de hoy pertenece a la segunda categoría. Porque cuando un ministro de Economía sale a explicar cómo va a pagar la deuda de los próximos años, en realidad no le está hablando a los argentinos. Les está hablando a quienes deciden si confían en la Argentina o le vuelven a cerrar la puerta.
El Gobierno dice que tiene un plan. Y está bien que lo tenga. Lo extraordinario sería que un país con nuestra historia de defaults, reestructuraciones y crisis pudiera inspirar confianza de un día para el otro. La confianza no se recupera de un anuncio; se recupera cumpliendo.
El riesgo país cayó a 415 puntos. Es una buena noticia. Pero también es un recordatorio de lo lejos que todavía estamos. Mientras otros países de la región financian su crecimiento pagando tasas razonables, nosotros seguimos celebrando que nos miren con un poco menos de desconfianza. Es el efecto de haber roto tantas veces la misma promesa.
En la Argentina, la deuda siempre fue más que un problema económico. Fue el síntoma de una política acostumbrada a gastar hoy y discutir mañana cómo pagar. Durante décadas se gobernó pensando en la próxima elección, no en el próximo vencimiento.
Ahora el desafío es otro: demostrar que las cuentas pueden cerrar sin volver a hipotecar el futuro. Si este Gobierno logra hacerlo, habrá cambiado algo más importante que un indicador financiero: habrá empezado a reconstruir la palabra del Estado argentino.
Porque la verdadera deuda no son solamente los miles de millones de dólares que vencen de acá a 2027. La verdadera deuda es la credibilidad. Y esa no se refinancia, no se renegocia y no se consigue con una conferencia de prensa. Se gana con hechos. Y se pierde con una sola promesa incumplida.

Por Alejandro Flores