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España elige presidente en una contienda polarizada

El actual mandatario Pedro Sánchez y Alberto Núñez Feijóo son los favoritos, aunque necesitarán coaliciones. El rol de la ultraderecha que sueña con volver al gobierno.

España se enfrenta a una elección trascendental que puede cambiar su rumbo de forma drástica por los próximos cuatro años. Más de 37 millones de españoles tienen la posibilidad de decidir si el Gobierno se mantiene en manos de una coalición progresista liderada por el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) o si, por primera vez desde la muerte del dictador Francisco Franco, pasa a gobernar una alianza de derecha y ultraderecha, conformada por el Partido Popular (PP) y Vox.

El sistema electoral español es indirecto, el Ejecutivo se vota por la composición del Parlamento de 350 miembros, que hoy domingo se elegirá en su totalidad. Quien reúna la mayoría absoluta de 176 escaños se queda con el Gobierno, aunque también juegan las abstenciones. España es una de las diez monarquías parlamentarias vigentes en Europa.

El resultado final de las elecciones no sólo tendrá un fuerte impacto dentro de la Unión Europea, donde ahora España preside el Consejo Europeo, sino también en América Latina por las alianzas actuales del gobierno socialista y los vínculos que el PP tiene con líderes más relacionados a la derecha latinoamericana.

El sistema electoral español está diseñado para una lógica bipartidista, con una alternancia en el poder nacional del PSOE y el PP, pero en la última década aparecieron nuevas expresiones políticas, con peso en diversas regiones y llegada al Parlamento, que muestran que los gobiernos monocolor fueron reemplazados por los de coaliciones.

Por eso, a pesar del esfuerzo del PSOE y el PP por consolidar sus votos propios, en este paso del bipartidismo al «bibloquismo», como llaman algunos politólogos a este escenario que tiende a consolidarse en las elecciones de este domingo, adquiere importancia la disputa por el tercer lugar entre Sumar y Vox.

Cuando se cierre el comicio, el protagonismo será del sistema de reparto proporcional D’Hondt, que premia a la primera minoría. La disputa por el tercer puesto es fuerte, por ejemplo, en Cádiz, Málaga y Sevilla, donde los progresistas le disputan voto a voto el último escaño del reparto.

No casualmente, tanto Sánchez como Feijóo, aun ante la evidencia de que tendrán que negociar y hacer concesiones si quieren ganar, buscan en estos últimos tramos de campaña diferenciarse de sus aliados ineludibles.

El más enfático en este objetivo es el líder del PP, quien este último jueves dijo que no busca un acuerdo con Vox, y aseguró que ese es «el escenario que quiere montar» el actual Gobierno.

«Mi objetivo no es ponerme de acuerdo con Vox», afirmó Núñez Feijóo, y enfatizó, ante una pregunta periodística sobre las posturas antieuropeístas que enarbolan Abascal y sus partidarios, que «no hay una sola coalición en la Unión Europea cuyo primer ministro gobierne con el apoyo de partidos que quieren romper la unidad de la nación a la que representan».

A partir de las palabras se podría inferir que el PP no aceptaría el respaldo de Vox en las condiciones que proclama esa fuerza, pero esa coalición ya funciona en varios distritos tras las elecciones de mayo último.

Por otra parte, si el PP reemplaza al PSOE en La Moncloa, deberá asumir la presidencia del Consejo de la Unión Europea, que detenta España, cuando en varios ayuntamientos la coalición PP-Vox hizo retirar de sus edificios las banderas del bloque y del colectivo LGTBIQ+.

En este esquema, donde la paridad obligará a una disputa voto a voto, el nivel de concurrencia a las urnas no es un tema menor. Algunas consultoras estiman que estará en torno al 68%, una concurrencia por debajo de lo esperable. Las elecciones se dieron en el período de vacaciones, lo que dificultó la presencia de los votantes.