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El pasaje ya no es gratis, lo pagamos todos

GENTILEZA: PERIODISTA ALEJANDRO FLORES

Entonces era así: el Estado les daba una compensación a las empresas de larga distancia para que pudieran trasladar gratuitamente a personas con discapacidad. No era caridad. Era una política pública. Una forma mínima de equilibrar una desigualdad enorme.

Pero ahora no.

Ahora el Gobierno elimina esa compensación y lo comunica con la frialdad burocrática de una resolución: “déjese sin efecto”. Tres palabras. Listo. Afuera.

Y uno se pregunta… ¿qué pasa después?

Porque la realidad no desaparece por decreto. La persona que necesita viajar para atenderse médicamente sigue existiendo. El chico con discapacidad que tiene que ir a otra provincia para rehabilitación sigue existiendo. La madre que acompaña, el jubilado, el paciente oncológico… siguen existiendo.

Lo único que desaparece es el dinero que el Estado les transfería a las empresas.

Entonces aparece el famoso “mercado”. Esa palabra mágica que supuestamente acomoda todo. Pero el mercado no tiene empatía. Tiene balance. Y cuando una empresa siente que pierde plata, recorta. Empieza a poner trabas, demoras, cupos, burocracia. Ya pasa ahora… imaginemos después.

Porque en Argentina todo termina funcionando igual: el derecho existe en el papel, pero conseguirlo es una odisea.

Y acá aparece otra discusión incómoda. ¿Qué rol tiene un Estado? ¿Solamente ordenar números? ¿O también garantizar que alguien vulnerable pueda viajar sin tener que mendigar un asiento?

Claro, enseguida aparece el argumento del déficit. El ajuste. La motosierra. Y sí, probablemente haya abusos en el sistema. Probablemente había cosas para controlar mejor. Pero en este país tenemos una extraña habilidad para combatir las distorsiones destruyendo directamente el derecho.

Como si para arreglar una gotera hubiera que dinamitar la casa.

Y mientras tanto seguimos naturalizando algo peligrosísimo: que la sensibilidad sea vista como un gasto inútil.

Porque cuando un país empieza a discutir si una persona con discapacidad merece o no ayuda para trasladarse… quizá el problema económico ya dejó de ser solamente económico.

Y pasó a ser moral.