Categories Sociedad

El Ejército no solo defiende la patria también hace trueque

Por ALEJANDRO FLORES

Hay algo profundamente argentino en descubrir que el Ejército no solo defiende la patria, también hace trueque como una abuela en la feria franca.

Porque mientras el mundo habla de inteligencia artificial, drones autónomos y guerras cibernéticas, acá tenemos al Ejército Argentino cambiando 70 toneladas de membrillo por repuestos de una S10 modelo 2010. Falta que en el próximo pliego ofrezcan zapallos por un tanque o batata por municiones y ya estamos oficialmente en “Mad Max, edición INTA”.

La escena es maravillosa. Un coronel sentado frente a una computadora del COMPR.AR tratando de explicarle al sistema estatal que no, que no quiere comprar nada, quiere permutar fruta.

Y el sistema, diseñado para manejar millones de pesos es obligado a aceptar una cifra simbólica de $0,000001 porque no existe la opción “te doy membrillo y vos dame un semieje”.

Es cine nacional.

Y además tiene algo poético: la defensa nacional sostenida por una mermelada potencial.

Lo más espectacular es el nivel de detalle burocrático. Porque en Argentina incluso el absurdo viene con expediente, subexpediente, cláusula de mora, garantía de impugnación y firma de un general de brigada. Somos el único país donde el surrealismo administrativo tiene sello oficial y membrete.

Pero detrás de la anécdota graciosa aparece algo más incómodo: un Estado que funciona como puede. Un Ejército que para arreglar una camioneta necesita recurrir al sistema de “te cambio fruta por amortiguadores”. Y no estamos hablando de una reliquia militar de 1942. Estamos hablando de una S10 2010. Ni siquiera es vieja: es apenas una camioneta argentina promedio.

Entonces uno imagina la reunión: —“Mi general, no hay presupuesto.” —“¿Qué tenemos?” —“Membrillo.” —“Negocie.”

Y ahí aparece el verdadero ADN nacional: la creatividad obligada por la escasez. Argentina es el único lugar donde una crisis presupuestaria puede terminar derivando en un mercado persa institucional administrado por el Estado.

Lo más argentino de todo no es el trueque. Es que probablemente funcione.

Porque en este país podés no conseguir dólares, no conseguir gasoil, no conseguir cubiertas, pero siempre aparece alguien dispuesto a llevarse 70 toneladas de membrillo si eso incluye una oportunidad de negocio.

Y mientras en otros países el Ejército prueba tecnología militar de última generación, acá testeamos algo mucho más poderoso: la infinita capacidad argentina de improvisar sin admitir jamás que estamos improvisando.