Por Alejandro Flores (Periodista-Locutor)
Pasaron tres años del femicidio de Cecilia Strzyzowski. Tres años de marchas, de promesas, de discursos encendidos, de funcionarios jurando que habría un antes y un después. Tres años de titulares, de debates televisivos y de una sociedad que, por un momento, pareció sacudirse la indiferencia.
Y sin embargo, acá estamos.
Cecilia se convirtió en símbolo porque su historia tuvo todos los ingredientes que indignan: poder político, impunidad presunta, una trama oscura y una brutalidad imposible de explicar. Pero el verdadero problema es que Cecilia no fue una excepción. Fue la evidencia más visible de una enfermedad social que sigue intacta.
Mientras el clan Sena espera el peso definitivo de la Justicia, los femicidios continúan escribiendo nombres nuevos en una lista que nunca deja de crecer. Chaco volvió a ubicarse entre las provincias con las tasas más altas del país. Como si no hubiéramos aprendido nada. Como si la conmoción durara menos que una tendencia en redes sociales.
La aparición sin vida de Agostina Vega en Córdoba vuelve a recordarnos que la violencia contra las mujeres no conoce fronteras provinciales, ideologías ni clases sociales. Cambian los nombres, cambian los escenarios, pero el desenlace suele ser el mismo: una familia destruida y una sociedad que llega siempre tarde.
Quizás el mayor fracaso no sea únicamente el de la Justicia o el de la política. Quizás sea el de una cultura que todavía naturaliza señales de violencia, que sigue relativizando denuncias y que muchas veces espera la tragedia para reaccionar.
Cada 3 de junio volveremos a escuchar el grito de «Ni Una Menos». Y está bien que así sea. Pero el desafío real empieza el 4 de junio, cuando se apagan los micrófonos, se desmontan los escenarios y las cámaras buscan otro tema.
Porque la memoria de Cecilia no debería medirse por la cantidad de homenajes ni por los minutos de televisión que se le dedican. Debería medirse por algo mucho más simple y mucho más difícil: que ninguna mujer tenga que convertirse en noticia para que la sociedad decida escucharla.
